Reconocimiento a la labor de Don Antonio, el médico de Antigua

La patronal turística reconoce la labor profesional de este doctor ejemplar y su entrega a los más desfavorecidos

Antonio Cabrera El doctor Antonio Ortega Rodríguez (Antigua, 1951) es una persona sencilla, humilde y muy respetada que disfruta con la profesión de médico rehabilitador que viene ejerciendo en la isla desde hace una treintena de años. Atrás queda una infancia dura e imborrable de aquella Fuerteventura del hambre, la sed y las miserias. De eso sabe mucho don Antonio, como cariñosamente le llaman sus pacientes y los paisanos de su pueblo. La Asociación de Empresarios de Hostelería y Turismo de Fuerteventura (Aehtf) le concedió el pasado fin de semana el premio Corazón de sal como reconocimiento a su labor sanitaria y por una vida dedicada a los demás. La generosidad y la bondad de este médico de pueblo hizo que compartiera el galardón "con todos mis compañeros de profesión. Se lo dedico a ellos".


Ortega nació en el seno de una familia humilde. Sus padres, Juan Ortega y Carmen Rodríguez, tuvieron otros cuatro hijos: Juan (fallecido), Saro, Dolores y Francisco. La vida en aquella época en la Fuerteventura rural y profunda estaba dedicada a la agricultura y la ganadería. "Mi padre no era agricultor, sino labrador y medianero, como figuraba en su documento nacional de identidad. Fue una época muy dura y difícil de olvidar porque había vida si llovía y si no caía una gota se transformaba en auténtica miseria. No había otra cosa", afirma el médico en su despacho del hospital majorero.


En Antigua fue a la escuela con Juan Victoriano Cabrera de maestro y una vez concluida esa etapa escolar se presentó, en 1964 , a unos exámenes para optar a beca y poder estudiar fuera de la Isla: "Mi familia era muy modesta y no podía pagarme los estudios. Así que tuve suerte y saqué la beca, pero no para la Escuela de Hostelería o el Colegio de Artes y Oficios, como iban la mayoría de los niños. A mí me mandaron al Instituto Técnico de Santa María de Guía, que disponía de un internado asociado. Allí estuve desde los 12 a los 19 años hasta que me fui a estudiar a La Laguna", apunta Antonio Ortega. Además, añade: "Los primeros años fueron duros. Con tan solo 12 años fuera de tu casa y lejos de tu familia te hace difícil adaptarse, pero sabía que tenía que superarlo porque mis padres se sacrificaron para que estudiara".


La primera intención de este médico majorero "fue estudiar Química y me concedieron una ayuda para hacerlo en la Universidad Laboral de Huesca. No fui porque a su vez me dieron una beca salario para la Universidad de La Laguna y aposté por la medicina".


Las vacaciones de verano las pasaba ayudando su padre en las labores del campo, "aunque en dos ocasiones me fui a El Aaiún, una en pleno desierto y otra en la misma ciudad", recuerda.


Terminó sus estudios en 1977. "Pertenezco a la cuarta promoción de Medicina de la Universidad de La Laguna. El último año de prácticas lo concluí en la Clínica Virgen del Pino. Luego me fui al servicio militar en Sevilla y, posteriormente, en Cádiz. Tras concluir la mili regresé a Canarias y comencé a trabajar unos meses en el hospital de Lanzarote y tras realizar la especialidad en Gran Canaria regresé en 1982 a la isla", asegura Ortega.


Tiene un especial recuerdo para sus primeros compañeros del departamento: "Me acuerdo mucho de Manolo Mejías, Javier Resa, de su mujer, Marina, y del celador José Rodríguez". También añade que sus pacientes "me dejan huella, especialmente los niños, pero de forma especial Gabriela".


Ortega tiene varias pasiones: "La principal mis hijos: Daniel y Bea, luego el campo y mis bardinos".

Diario La provincia de Las Palmas -